
Lydia Lunch le rompe una botella
en la cabeza a su padre como resarcimiento
de su último abuso y se va para siempre.
Lydia Lunch surfea sobre las turbulencias
de los suburbios neoyorkinos.
y en tiempos de no wave prueba lo habido
y por haber.
y sobrevive.
Sus almuerzos los hace ahora en Barcelona.
Pasando desapercibida
como una señora mas de Cataluña.
Sin ninguna estatua de la libertad que la vigile
ni torres que se le puedan caer por la cabeza.